Entre los meses de enero y febrero, se sacrificará al cerdo, siguiendo las tradicionales técnicas, que durante siglos han empleado los matanceros de la tierra, si bien añadiendo las innovaciones que la técnica ha aportado, en aras de evitar sufrimientos al cerdo, y de procurar la mayor garantía higiénico-sanitaria. Exhaustivos controles veterinarios avalan la calidad sanitaria de todos los productos, para tranquilidad del consumidor.

Del despiece del cerdo se obtienen, previa elaboración artesana, los afamados embutidos, lomos, jamones y paletas.
Los primeros se obtienen apartando minuciosamente la grasa convenientemente adobados, se embuten en tripa de cerdo o vaca pasando posteriormente a secadero. El resultado, de primera calidad, se traduce en chorizo cular, longaniza, salchichón, morcón...
Los lomos, bien limpios de grasa exterior, convenientemente adobados, se embuten en tripa de cerdo o vaca. Seguidamente, y
durante tres o cuatro meses, secarán abrigados de los excesos o déficits de humedad y temperatura. Sólo así se consigue un manjar de primera categoría.

 

Y, ¡por fin!, los jamones y paletas. Verdadera obra maestra del buen hacer de los maestros artesanos, en los que vuelcan todo su saber, su experiencia, su mimo... Productos que, sin un laboriosísimo proceso, nunca llegarían a obtener las máximas calificaciones.

Detengámonos someramente en la tarea de hacer un buen jamón: Tras 24 horas,
aproximadamente, de permanecer en una cámara, las piezas se cortan adecuadamente, se soban para extraer cualquier resto de sangre, y se entierran en sal durante un determinado número de días.
Después se lava el jamón o paleta con agua templada, se vuelve a sobar, por si quedase algo de sangre, y para darle una forma cilíndrica (alimonado); se consigue así, también, una deshidratación más homogénea y una forma más atractiva..

Y después, el secado. El frío del invierno, y el calor de la primavera y verano, convenientemente administrado según el saber del artesano harán las reacciones que hacen que el jamón o la paleta tomen su característico aroma y humedad ambientes. Y todo ello bajo vigilancia exhaustiva, para evitar cualquier deterioro que merme la calidad final.

Cuando haya finalizado el proceso, habrán transcurrido 24 meses, en el caso de jamones, o 14-16 meses, en el caso de las paletas. Tan dilatado proceso, con resultado tan exquisito, vuelve a hacernos abundar en la idea de lo artesano y lo artístico. ¿Qué proceso industrial dura 24 meses? Solo la tarea de los auténticos artesanos armados de paciencia, de experiencia, y de amor a su trabajo, puede soportar extensos períodos de tiempo, con el ansia de ver la obra finalizada en todo su explendor y calidad.


No obstante, todavía queda un control de calidad final calado, que determinará qué piezas llegarán al mercado, para que Vd., consumidor, sólo disfrute de lo mejor.

 

Es nuestra garantía, y es nuestro reto.

 
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